…Así son las carreteras de esta zona, estrechas, cubiertas de cielo azul y de días lluviosos, rodeadas de todos los verdes, de todos los árboles, de todos los ríos, de todas las casas, de todas las personas.
Líneas curvas frías, calientes, en bajada y en subida… líneas misteriosas, líneas peligrosas. Antioquia, Caldas, Pereira, Armenia, Ibagué, por estos departamentos Colombianos las líneas rectas parece que han desaparecido. Empinadas vías, caños sin fondo, vacíos llenos de niebla, casas en medio de todo: el bosque, los animales, la vida del campo…
Líneas curvas que guardan historias, mitos, alegrías, sabores, texturas, sangre, dolor. Dentro de este bus, donde el aire acondicionado casi me asfixia, hay gente que habla por celular, hay calma en algunos tramos del viaje, hay alguien que va hasta el fondo del vehiculo para entrar al baño, hay personas que se ensimisman, hay gente que duerme, hay gente que pasa las 6 horas de trayecto entre Medellín y Armenia escuchando música en cualquier aparato, hay gente que por las líneas curvas se marean…yo no tengo ganas de ir la baño, ni tengo sueño, ni hablo con nadie, ni siquiera he mirado el celular, yo miro por la ventanilla grande de un bus grande que a veces parece que se fuera a volcar…
Veo líneas curvas que me acercan mas a mis seres queridos… líneas curvas que ocupan un pedazo de montaña, líneas curvas que han provocado accidentes, que han dado paso al “progreso”, líneas curvas de que nos llevan y nos traen. Veo, además carros: grandes, pequeños, medianos, sofisticados, viejos, lentos, rápidos. Veo gente vendiendo frutas, veo conductores pagando peajes, veo obreros en la vía, veo vacas y caballos, veo sillas vacías y niños jugando al peligro de los carros. Veo jóvenes que se bañan en un río, veo un árbol que amenaza con caer a la vía, veo motos atravesarse, veo un pueblo en la cima de una montaña y una cancha de fútbol grande encima de esa cima.
Veo una ciudad pequeña, con pocos edificios, con mucho café, con muchos campesinos, veo líneas curvas que la ingeniería trata de enderezar… veo gente diferente, que va en buses con rutas diferentes, veo techos de teja de zinc, veo barrios pobres y a unos metros mansiones hermosas; veo un letrero que nombra a un estrecho caño Dosquebradas, avisos por todas partes que indican qué ruta seguir: Cali, Bogotá, Ibagué… veo una sarta de chorizos calentarse bajo el sol y una señora que hornea algunas arepas…
(Las líneas curvas me acompañan hasta el final… El alto de la línea… curva… guarda zozobra y mística, una bandera de Colombia grande resalta en aquellos grises parajes… Líneas curvas que parecen ser círculos, donde crees que vas a llegar a la misma parte…)
Se acaba el viaje y próxima a bajarme de este helado bus, siento el calor de un sonrisa, un señor que parece que ha engordado, lo que no afecta mucho su apariencia; sigue siendo el mismo que da un abrazo a medias, pero muchos besos y bendiciones… el mismo que tiene la fuerza de cargar un pesado equipaje para tan pocos días…el mismo que amo y que me ama, el mismo al que he llamado por 19 años, papá.